
Los últimos meses hemos podido observar a través de los medios de comunicación y de las numerosas vías de publicidad, la aparición de un gran número de modelos de vehículos eléctricos o híbridos, algunos de ellos solo como prototipos y otros como modelos listos para su comercialización.
Indudablemente es una buena noticia que aparezcan síntomas de cambio en nuestro modelo de movilidad y por consiguiente en el de consumo energético, ya que es necesario mostrar que la viabilidad técnica y energética de estos vehículos en los entornos urbanos puede ser real y posible.
En esa línea trabaja ya el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio a través del Plan Movele, con el que, según palabras de sus responsables, quieren hacer una “cuestión de estado” la promoción de este tipo de vehículos. Para ello van a destinar ocho millones de euros en subvenciones que irán dirigidas a la compra de vehículos eléctricos y a la creación de puntos de recarga. Las tres ciudades españolas que han apostado por este proyecto son Madrid, Barcelona y Sevilla, así que estaremos atentos a las mismas.Pero leyendo los muchos artículos de opinión que están surgiendo a raíz de este proyecto y todo el material que puede consultarse a través de la web del IDAE aparecen algunas dudas que merecen ser expuestas y quién sabe si hasta contestadas por quién realmente sepa del tema.
En primer lugar, observando el listado de modelos subvencionados donde aparecen desde motocicletas hasta microbuses, lo más llamativo es el precio de alguno de estos modelos, el Fiat 500, Vehículo Eléctrico (BEV), tiene un coste de 49.300 euros, con una subvención máxima de 7.000 euros; el modelo Think de la casa MOTORENER, Vehículo Eléctrico (BEV), tiene un coste de 31.500 euros y una ayuda de 6.300 euros. ¿Al alcance de cualquiera? Parece que no, ¿Atractivo? Quizás tampoco, sobre todo si la versión gasolina del mismo Fiat 500 tiene un coste de 11.500 euros.
Después llama también la atención la autonomía de los vehículos, el Think tiene una autonomía de 180 kilómetros, mientras que el Fiat 500 de solo 130 kilómetros, a priori suficientes para la movilidad en un entorno urbano, pero por contra pueden necesitar entre 5 y 10 horas para su carga completa.
¿Carga? ¿Dónde? Ese el otro reto del plan, crear los suficientes puntos de recarga en ciudad para que el uso de estos vehículos no se convierta en una pesadilla para sus usuarios. El Ministerio calcula instalar 280 estaciones de recarga en Madrid, 191 en Barcelona y 75 en Sevilla. La implantación de este sistema de carga tiene un coste que puede oscilar entre 2.000 y 6.000 euros. Imagino que después vendrá un “sobrecoste” aún mayor derivado de las medidas de seguridad que habrá que tomar o de los previsibles desperfectos o robos que puedan producirse.
Luego está el tema del origen de la electricidad, porque si su origen no es renovable casi nos quedamos como estamos, ya que no tendría sentido que su origen fuera el de centrales térmicas o incluso nucleares. De eso ya se deben haber dado cuenta los publicista de estas marcas de vehículos cuando fotografían los modelos junto a grandes aerogeneradores o instalaciones solares fotovoltaicas, dando a entender algo que seguramente no va a ser así, pero que sin duda es más vendible.
¿Y del reciclaje de las baterías que podemos decir? Parece ser que según los expertos no es nada sencillo y puede generar un coste ambiental considerable. En definitiva demasiadas dudas, sobre todo de carácter tecnológico, aún por resolver.
Con todo me surge un planteamiento, ¿Debe ser la apuesta decidida por el uso del coche eléctrico en el entorno urbano la que impulse a la tecnología, para que en el transcurso de unos años dispongamos de modelos más económicos, autónomos, de recarga rápida y realmente eficientes? O ¿Debe ser la madurez de la tecnología la que marque el momento en el que se debe apostar por este modelo de movilidad?
Expertos reconocidos en la materia reconocen el protagonismo que ha de tener el coche eléctrico en el futuro, pero creen que estas medidas son más efectistas que efectivas y plantean que habría que realizar una transición con modelos híbridos e incentivar y ayudar a la investigación para el rápido desarrollo de los modelos eléctricos.
Y una última cosa, todavía queda mucho por hacer y mejorar en aspectos como el transporte público en muchas ciudades y pequeños municipios o ¿Cuántos polígonos industriales no tienen un buen acceso con transporte público? Quizás esa sería una línea de inversión interesante a la que destinar ese dinero. También, por mucho que nos pese, estamos a años luz de otras ciudades del norte de Europa, con un clima menos benigno que el nuestro, en cuanto a infraestructuras para desplazarnos en bici. Transporte público y bicicleta, una asignatura que habría que aprobar a la vez que se apuesta por el coche eléctrico desde la administración pública.
aktúa
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