El muro

Participación ciudadana

muroUn nuevo marzo -o casi marzo- nos invita a vivir como de costumbre, el comienzo de clases en Argentina; a celebrar la inclusión y la reinserción de muchos niños y jóvenes al sistema educativo, a ponerle color a las aulas y al pizarrón.
Grato será ver algún que otro desfile de delantales blanco-impecables o a cuadritos, peinados de costado para los niños, y otros laboriosamente elaborados para las niñas, zapatitos lustrados y mochilita nueva, y caritas de susto, por supuesto. Quizás eso nos invite a recordar, a vagar por la memoria que tanto añoramos.

A volver a sentir el cosquilleo de entrar de la mano de mamá o papá, o de algún abuelo a ese nuevo lugar.

Olorcito a útiles nuevos, y mucho perfume, y el sonido suave de la voz de la maestra que, con el transcurso del tiempo, querríamos tanto.

¡Y cómo lo recuerdo! Si es imposible olvidar las mañanas consentidas que improvisaba con tanta perfección mi abuela, la suavidad de un delantal a cuadros rojo y blanco, y los juegos en el patio de primario, y las maestras, y los amigos de siempre que forjé en la inolvidable Florentino Ameghino. Luego mis pasos, tan decisivos y trascendentales en mi rumbo, frescos aún, en mi querida ENET.

Recuerdos, si, hermosos recuerdos, que con el tiempo se inundaron de qué se yo. De esa mezcla rara de bronca e impotencia que te nace cuando caminando el tiempo das un pasito adelante y dos atrás, e insistís, y seguís insistiendo, hasta que te das cuenta de que muchas veces –la mayoría de las veces- tu voluntad de intentar cambiar, aunque sea un poquito la realidad que te duele, tiene un muro enorme, que solo se salta cuando la decisión política así lo quiere.

Y pienso, y le veo la otra cara a este marzo, o casi marzo, que nuevamente con mal hábito, se encarga de repartir inequidad; que esconde bajo la alfombra al desfile de delantales no tan blanco-impecables, a los útiles sin olor a nuevo, a la mochila vieja – en el mejor de los casos – y a una variedad de disparates que se presentan a modo de obstáculos para muchos niños de la ciudad. Porque no todos llegan de la mano de algún papá el primer día de clases, porque no todos podrán recordar y añorar su infancia como muchos pudimos, porque muchos recordarán una niñez que dependía de monedas para que el viejo colectivo lo llevase a la escuela, niñez en que a falta de centavos, se traducía en caminar kilómetros, tragando el frío y mordiendo el polvo de algún tractor, para llegar a una escuelita rodeada de alambres y verde, acorralada por la soja.

Porque muchos siquiera podrán hablar de lo divertido que eran las clases de computación, o los viajes con los compañeros. Porque, aunque no se crea – o no quiera creerse –, hay niños que aún dicen presente en medio de un salón casi vacío de una que otra escuelita rural, porque que hay niños que viven como niños hasta que el olvido se encarga de convertirlos en adultos precoces.

Se oye por ahí: “¿Y por qué se van tan lejos? Que vengan más cerca y no gastan en colectivo”, conclusión tan simple y superficial, que me asusta pensar que parezca lógica…, propongo entonces  indagar los por qué,  oír de la propia boca del infante por qué se van tan lejos. Y entonces, quizás, las conclusiones no serán tan lógicas, y la visión cambiará de foco.

Y vuelvo a pensar, y el olvido se convierte en el crimen peor. Y recuerdo mi infancia, pero también una infancia que no es mía. Unos ojos brillosos que quisieran estallar de ilusiones, de vida, como alguna vez estallaron los míos. Quisiera estar en sus zapatos sin lustrar, pero me asusta un poco sentirlo. Quisiera estar en su corazón, en su cabeza, y saber qué sueña. Quisiera que mi mano y voluntad alcancen, pero para una niñez que todos deberían gozar, siempre será poco.

Bien lo resume Alberto Croce : “Para todos los niños y jóvenes un futuro, para cada niño y joven una oportunidad “. ¿Utopía? No, mejor lo llamemos muro.

 

Laura Massafara integrante de INFOPACI y gran amiga de aktúa
Imagen: Ana Castaneda
aktúa
Comentarios
1 Caro | 24-02-2010
Al leerlo me remonté a mi infancia, sentí mucha alegría y agradecí a Dios, pero luego me invadió esa impotencia...no sabría como resumirlo en pocas palabras, tan solo me pregunto y me cuestiono de que manera seguir caminando para colaborar en cambiar un poco la historia de los que hoy no tienen la posibilidad de recordar su infancia con felicidad y ni hablar de las no posibilidades de educación....
2 aktúa España | 25-02-2010
Gracias a Laura y a Fer por compartir con todos nosotros esta hermosa nota. A ti Caro te digo que cuestionarse cómo colaborar para cambiar un poco la historia es el primer paso para hacerlo, nosotros queremos ser el detonante de un gran cambio y te invitamos a que formes parte de él con aktúa.
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