La problemática ambiental, social y económica que gira en torno a los residuos se afronta desde diferentes estrategias a lo largo y ancho de todo el mundo.
Desde la valorización energética de los residuos, que permite la obtención de energÃa y la reducción del volumen de los mismos, valga como ejemplo la piscina municipal de Cazorla, Jaén (España), donde el agua caliente se obtiene gracias a una caldera alimentada con los huesos de las aceitunas de los miles de olivos de la zona, hasta la abnegada e impagable labor de mi amigo Fernando en Tanti, un pueblo de las sierras de Córdoba (Argentina), caminando por el rÃo, con sus bolsas de consorcio para residuos y viendo si alguno de los visitantes se habÃa olvidado su basura y en ese caso recogerla.
De entre todas las estrategias, quizás la más popular sea la de las famosas 3 ERRES.
Reciclar, reutilizar y reducir
Un lema sencillo, con gancho y fácil de recordar, que en mi trabajo como educador ambiental he utilizado infinidad de veces y que he visto como con el paso de los años iba siendo algo cada vez más presente en el modelo de actuación de todos nosotros.
También la experiencia de estos años me deja otra impresión, que la R que llegó con más fuerza, a todos en general, es la R de RECICLAR, una acción que conlleva introducir de nuevo la materia ya utilizada en la producción de un bien (residuo), en un proceso que permite obtener de nuevo materia prima o un nuevo producto útil, disminuyendo la cantidad de residuos y la presión sobre los recursos naturales.
Hasta aquà perfecto, el reciclaje es un pilar básico en una sociedad que quiere ser sostenible, considerando además que se ha convertido en una considerable fuente de ingresos y de generación de empleo en muchas partes del planeta. Pero no hay que dejarlo todo en manos del reciclaje, no se debe caer en el error de pensar que el consumo sin sentido o el uso de productos sobreenvasados, se puede compensar solo con el posterior reciclaje, no es asÃ. Existen otros factores que hay que tener en cuenta, como el consumo energético o el uso de agua, que jamás podrán recuperarse o que habrán supuesto la emisión de CO2 que podrÃa haberse evitado. Valga como ejemplo que una sola hoja de papel de tamaño A4, necesita para su fabricación más de medio litro de agua(1) y 17 w de energÃa(2), y aunque sea fantástico que después de usada se recicle de nuevo en papel listo para ser usado, quizás si se evita su uso con un correo electrónico o almacenando el archivo en un disco duro o simplemente escribiendo por las dos caras del folio, se consiga además el ahorro de esa agua y energÃa.
Por ello creo que hay que hablar sin complejos de la REDUCCIÓN como la principal estrategia a la hora de hacer frente al problema de los residuos, ya que un residuo no generado es un problema menos que resolver y un ahorro seguro de energÃa y materias primas. Desde el apartado de Buenas Prácticas de aktúa, te ofrecemos algunos consejos para que te unas a esta estrategia por la sostenibilidad.
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(1)Â Â Â frenaelcambioclimatico.org
(2)Â Â Â energy-star.com
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Algunos datos curiosos:
Para fabricar un vaso de plástico de 150ml se necesitan 10 litros de agua.*
Para fabricar una botella de plástico de 330 cl se necesitan 40 litros de agua.*
Una tarrina de yogur (de 5'5 g) fabricada en poliestireno requiere una energÃa similar a la consumida por una bombilla de 100 watios durante 90 segundos.**
*Información extraÃda de un realizado en el laboratorio de BiologÃa del IES Carrús de Elche (España), por el profesor José Luis Garrido y la ayuda de sus alumnos de 4º ESO B.
** vielpa.com
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SerafÃn Huertas
Imagen: flickr
aktúa
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